
frases de Dante Alighieri, autor de la Divina Comedia
El secreto para que las cosas sean hechas está en hacerlas.
El amor me impulsa y me hace hablar así.
Habla breve y claramente.
Un poderoso fuego es solo la continuación de una pequeña chispa.
No hay mayor dolor que recordar la felicidad en tiempos de miseria.
El amor nos encamina a ambos a la misma muerte.
Amo tanto la duda como la certeza.
No fuisteis criados para vivir como bestias, sino para seguir en pos de la virtud y la sabiduría.
La montaña tiene una formación siempre tediosa cuando empiezas, pero se hace más fácil en las más altas cumbres.
Vuestra fama es como la flor, que tan pronto brota, muere, y la marchita el mismo sol que la hizo nacer de la tierra ingrata.
La flecha del destino, cuando se espera, viaja lenta.
La raza humana alcanza su mejor estado cuanta más libertad tiene.

El amor insiste para que vuelva del amado el amor.
No es siempre en la felicidad cuando reímos.
La senda que lleva al Paraíso comienza en el Infierno.
Mientras más sabio te haces, más molesto te resulta perder el tiempo.
El orgullo, la envidia y la avaricia. Estas son las chispas que han prendido fuego en el corazón de todos los hombres.
Las cosas más perfectas son también las más susceptibles de recibir tanto aprecio como maltrato.
Tres cosas todavía conservamos del Paraíso: las estrellas, las flores y los niños.
Ese precioso fruto por el cual los hombres emprenden una ansiosa búsqueda en diferentes parejas, será dado hoy a tu alma hambrienta.
Cuando más perfecto es algo, más dolor y placer siente.
El amor mueve el sol y las demás estrellas.
Ellos anhelan lo que temen.
Yo no lloraba; mi corazón era como una piedra.
El demonio no es tan negro como lo pintan.
Hasta que la haya llevado de regreso al infierno.
Toda esperanza abandona a quienes aquí entran.
Ya verás cuán amargo sabe el pan ajeno, y cuán áspero camino es bajar y subir por la escalera de otros.
Hay un secreto para vivir con la persona amada, no pretender modificarla.
Esta es una noche para recordar… ella es el comienzo de siempre.
Las armas de la justicia divina pierden su filo ante la confesión y el pesar del delincuente.
Continúa bajo la guía de tu propia estrella.
Hubo un tiempo en el que solíamos