Creencias limitantes

Las creencias limitantes están conformadas por la percepción que tenemos de la realidad y, muchas veces, son las responsables de que no alcancemos algún logro.

Una creencia limitante puede estar instalada en el inconsciente de una persona desde su infancia, o desde la adolescencia; es decir, puede tener mucho tiempo con ese enfoque, pero no se ha dado cuenta aún.

Es por ello que, lo que se anhela es cambiar la manera de interpretar el mundo, reinterpretar nuestras creencias y dar forma a nuevas actitudes que nos permitan crecer.

En ciertas ocasiones, lo que se esconde tras la creencia limitante es el miedo, las ideas catastróficas o una baja autoestima.

¿Qué son creencias limitantes?

En primer lugar, vale conocer el concepto de creencia. De acuerdo con las definiciones suministradas en algunas revistas de filosofía, la creencia es:

“Un estado mental dotado de contenido representacional y, en su caso, semántico a proposicional y, por tanto, susceptible de ser verdadero o falso”.

Las creencias son razonamientos que se construyen sobre la realidad, se asumen y se adoptan por el sujeto, tal como enfatizan los estudios sobre el tema.

El autor José Ortega y Gasset también señalaba que “no son ideas que tenemos, son ideas que somos… estamos en ellas”.

El esbozo anterior nos permite afirmar que las creencias forman parte de nuestra vida, influyen en nuestras decisiones, y condicionan nuestro comportamiento aun cuando no pensemos en ellas de manera consciente.

Así, tenemos un sinfín de creencias limitantes que coartan nuestras capacidades y potencialidades como seres humanos.

¿Cuáles son las creencias limitantes más comunes?

Las creencias limitantes están presentes en muchas áreas de nuestra vida. Por ejemplo:

  1. Cuando buscamos empleo, podemos pensar:
  • No lo conseguiré.
  • No hay nada interesante en el mercado para mí.
  • No me van a escoger a mí.
  • No me pagarán el salario que merezco.
  • No podré hacerlo bien, entre otras.
  1. En la vida amorosa:
  • No le gustaré a nadie.
  • Nada de mí le gustará a otra persona.
  • Los hombres/mujeres se van a fijar en otra persona.
  • Mejor evito hacer el ridículo.
  1. En el ámbito laboral:
  • No estoy preparado/a para ascender.
  • Si asciendo, no daré la talla.
  • Cualquier compañero puede hacer el trabajo mejor que yo.
  1. En el uso de nuevas herramientas tecnológicas:
  • No sabré manejar ese software.
  • Todos en mi empresa lo pueden hacer mejor que yo.
  • Ya a mi edad no podré aprender estas nuevas competencias.

mujer triste sentada en sofa

Estas creencias limitantes pueden no ser ciertas, pero igual terminan por interferir en la vida de quienes las asumen.

Además de las creencias limitantes mencionadas, también hay otras afirmaciones que muchas personas han interiorizado y tomado como ciertas.

Es frecuente escuchar que “mostrar los sentimientos es para personas débiles” o “quienes tienen mucho dinero lo han adquirido de forma poco honrada”, “no se puede confiar en nadie”, entre otras.

La adquisición de estas creencias puede ocurrir desde temprana edad, por medio del aprendizaje. Por ello, muchas creencias provienen directamente del núcleo familiar.

Consecuencias de las creencias limitantes y cómo superarlas

Una vez que se conozcan las consecuencias terribles que generan las creencias limitantes, no quedarán motivos para no desear transformarlas.

Las creencias limitantes provocan malestar ante los nuevos retos, temores y falta de confianza, además de disminuir la autoestima.

Los niños aprenden de sus padres, o de su entorno familiar más próximo, que “no valen” o que “no pueden” y así lo van asumiendo hasta ser adultos.

Es por ello que algunos especialistas citan el cuento de “el elefante encadenado”, de Jorge Bucay, para ilustrar cómo ese elefante, pese a su gran tamaño, no lograba o no rompía las débiles cadenas que lo sostenían, porque desde pequeño había aprendido que no era posible.

Cómo superar las creencias limitantes

  • Estas son solo pensamientos: es decir, no son verdades universales, ni están fundamentadas científicamente con hechos irrefutables. Siempre puedes cambiarlas.
  • Es tu verdad, y puede ser sustituida.
  • Analiza tu sistema de creencias e identifica aquellas que sean limitantes. Puedes usar un diario como apoyo. Luego, sustituye las limitantes por aquellas que te ayuden a crecer.
  • Escucha cómo te expresas e identifica aquellas expresiones que empiezan con sentencias de duda, temor o inseguridad. Trata de sustituirlas por aquellas que expresen confianza. (Ej: “Creo que no podré hacerlo”, “Yo puedo lograrlo”).
  • Reentrena tu mente. Repite afirmaciones de abundancia, crecimiento y desarrollo personal, hasta volver a configurar tu nuevo sistema de creencias.
  • Cuestiona las fuentes de las cuales has obtenido tus creencias. Si una maestra te dijo en el colegio que debías permanecer en silencio siempre, y ahora te da miedo hablar en público, ¿crees que esa maestra es una figura importante en la actualidad?, ¿por qué seguir obedeciendo su mandato?

Si aplicando estas pautas consideras que necesitas apoyo adicional, entonces no dudes contactar con un psicólogo y crear un sistema de creencias nuevo que te permita crecer.

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En qué consiste la sobregeneralización La distorsión de sobregeneralización consiste en la tendencia a aplicar conclusiones derivadas de un evento o experiencia específica a un amplio rango de situaciones, generalmente de manera negativa e irracional. Este patrón de pensamiento puede tener un impacto significativo en la percepción que tiene una persona de sí misma, de los demás y del mundo que la rodea, ya que puede llevar a juicios erróneos, estereotipos y una visión distorsionada de la realidad. La sobregeneralización a menudo surge de una o varias experiencias negativas. Por ejemplo, si alguien fracasa en una entrevista de trabajo, puede concluir que nunca será bueno en ninguna entrevista, independientemente del contexto o de los distintos tipos de trabajos. Publicidad Como falacia lógica Cuando se utiliza como una falacia lógica, la sobregeneralización se presenta como un argumento aparentemente válido pero que es inherentemente defectuoso. Es un razonamiento que pretende establecer una verdad general a partir de una muestra muy pequeña o incluso única. En este contexto, puede ser un error honesto o una táctica deliberada para persuadir o manipular. Por ejemplo, después de tener una mala experiencia con un producto de una marca, una persona podría afirmar que todos los productos de esa marca son defectuosos, utilizando esa única experiencia como una ‘prueba’ general. Como distorsión cognitiva Cuando hablamos de sobregeneralización como una distorsión cognitiva, nos referimos a la tendencia inconsciente e involuntaria de aplicar conclusiones limitadas a situaciones más amplias. No es una manipulación intencionada de la verdad, sino más bien una forma en que nuestra mente intenta hacer sentido del mundo basándose en la información limitada que tiene. Este sesgo puede ser particularmente prevalente en personas que sufren de trastornos de ansiedad o depresión, donde pensamientos como «nunca hago nada bien» o «siempre arruino las cosas» pueden ser comunes y autoperpetuantes. Pensamiento ‘todo o nada’ El pensamiento ‘todo o nada’, también conocido como pensamiento dicotómico, es una forma de sobregeneralización donde las situaciones se ven en términos extremos y absolutos. Es un mundo de blancos y negros, sin matices grises. Este tipo de pensamiento se manifiesta de diversas maneras: Extremos absolutos: Las personas ven las situaciones, a sí mismas, o a los demás como completamente buenos o malos, perfectos o terribles. Por ejemplo, si alguien comete un error menor en el trabajo, podría pensar que es completamente incompetente en lugar de reconocer que todos cometen errores ocasionalmente. Fracaso y éxito: No hay término medio; un pequeño fracaso se siente como un desastre total, y cualquier logro que no sea perfecto puede sentirse como un fracaso. Esto puede llevar a una gran presión y ansiedad, ya que la persona siente que cualquier cosa menos que la perfección es inaceptable. Impacto en la autoestima: Este tipo de pensamiento puede tener un efecto devastador en la autoestima, ya que la persona se ve a sí misma como un fracaso total basándose en incidentes específicos. Puede llevar a una crítica interna intensa y a sentimientos de inadecuación. Rechazo de la complejidad: La sobresimplificación de situaciones complejas puede llevar a decisiones precipitadas y juicios erróneos, ya que se ignora la rica variedad de matices y detalles que están presentes en la mayoría de las situaciones. Sesgos cognitivos en comunicación y marketing: 10 ejemplos Sesgos cognitivos en comunicación y marketing: 10 ejemplos Etiquetas Globales Las etiquetas globales son generalizaciones extremadamente amplias que las personas aplican a sí mismas o a los demás basándose en una o pocas cualidades o eventos. Estas etiquetas suelen ser negativas y reflejan una visión simplificada y a menudo injusta. Autoidentificación negativa: Una persona puede etiquetarse a sí misma como ‘inútil’, ‘un fracaso’, o ‘no amable’ basándose en eventos específicos. Por ejemplo, alguien que ha experimentado un rechazo podría concluir que es completamente indigno de amor. Etiquetar a otros: De manera similar, las personas pueden aplicar etiquetas globales a otros basándose en comportamientos limitados o interacciones. Por ejemplo, si alguien es grosero en una ocasión, podría ser etiquetado como una persona mala en general. Resistencia al cambio: Una vez que se adopta una etiqueta global, puede ser difícil cambiarla. Las personas pueden buscar confirmación de sus etiquetas y descartar cualquier evidencia en contra, lo que refuerza aún más el sesgo. Impacto en las relaciones: Las etiquetas globales pueden dañar las relaciones, ya que reducen la riqueza y la complejidad de las personas a estereotipos simplistas. Pueden impedir la comprensión y la empatía, llevando a juicios y malentendidos.