Por qué nos desequilibramos al subir a una escalera mecánica que sabemos que está parada
Cuando subimos a una escalera mecánica por primera vez, a pesar de que podemos ver que está en movimiento y de que nos preparamos para ello, nuestro cuerpo se inclina inevitablemente hacia atrás como resultado de la velocidad de la escalera.
Tras varios intentos, nuestro cerebro se acaba acostumbrando a ese comportamiento y lo acaba compensando adecuadamente, de manera que con el tiempo, la entrada en la escalera mecánica ya no produce un balanceo hacia atrás de nuestro cuerpo, el cerebro ha aprendido y podemos subir sin peligro de desequilibrarnos.
Este conocimiento pasa a formar parte de nuestra memoria muscular y al igual que otros comportamientos aprendidos, como caminar o montar en bicicleta, podemos ponerlo en practica cuando lo necesitamos de forma inconsciente, sin pensar en ello.
Estos movimientos automatizados son controlados principalmente por el cerebelo que juega un papel crucial en la coordinación y el control de los movimientos precisos y aprendidos, incluyendo los movimientos habituales o automáticos, y también está involucrado en el aprendizaje motor, lo que significa que ayuda a nuestro cerebro a aprender y recordar cómo realizar movimientos específicos.
Además del cerebelo, otras áreas del cerebro también están involucradas en el control de los movimientos automatizados, como por ejemplo, los ganglios basales, un grupo de estructuras en la base del cerebro, que están involucrados en una variedad de funciones, incluyendo el control del movimiento, el aprendizaje, la memoria y la planificación de las acciones.
Las tres teorías que plantearon los investigadores
El objetivo principal del estudio era investigar y entender el fenómeno de la sensación extraña que se experimenta al subir a una escalera mecánica que está detenida, y determinar qué causa esta sensación y cómo se relaciona con nuestra conciencia y control motor subconsciente.
Los investigadores plantearon tres posibles explicaciones para la aparición de esta sensación y diseñaron una serie de experimentos para probar cuál era la correcta y así identificar el mecanismo subyacente de esa sensación extraña, y proporcionar una nueva perspectiva sobre cómo se coordinan y se influyen mutuamente nuestros procesos conscientes y subconscientes en la realización de tareas motoras habituales.
Las tres teorías planteadas fueron estas:
- La sensación extraña ocurre de manera concurrente pero independiente a las propiedades comportamentales o posturales. Es decir, la sensación no tiene nada que ver con la sensación corporal derivada de tales propiedades comportamentales, por ejemplo, la simple falta de familiaridad con la situación de encontrarse con una escalera mecánica detenida podría inducir la sensación.
- La sensación extraña ocurre debido a la altura única de los escalones, en la que el primer escalón es más corto que los demás. Esta inusual falta de uniformidad de los escalones puede inducir torpeza porque no estamos acostumbrados a tal irregularidad, y la torpeza conduce a la sensación extraña.
- La sensación extraña resulta de una acción inapropiada inconsistente con la situación actual a pesar de la correcta comprensión de la situación. Subir a una escalera mecánica en movimiento es una acción altamente habituada, por lo que el programa motor habitual para una escalera en movimiento emergería incluso cuando subimos a una escalera detenida, por lo tanto esta aparición subconsciente del programa motor habitual específico de la escalera conduce al comportamiento motor inapropiado, que conduce a la sensación extraña.
Los investigadores diseñaron una escalera de madera para imitar las dimensiones físicas de una escalera mecánica detenida, esta escalera tenía la misma altura de escalones que una escalera mecánica detenida, y la altura del primer escalón también era la misma que la de la escalera mecánica parada.
El propósito de usar la escalera de madera en el experimento era descartar la posibilidad de que la sensación extraña que las personas experimentan al subir a una escalera mecánica parada se debiera a la altura irregular de los escalones, si este fuera el caso, entonces los participantes deberían experimentar la misma sensación al subir a la escalera de madera.
En qué consistió el experimento
El experimento se llevó a cabo a lo largo de dos sesiones, cada una de las cuales incluía 16 bloques de ocho ensayos consecutivos en los que los participantes alternaban escaleras mecánicas en movimiento, escaleras mecánicas paradas y la escalera de madera que imitaba la disposición irregular de los escalones en la escalera mecánica parada.
En la primera sesión, se realizaron cinco ensayos consecutivos sobre una escalera mecánica en movimiento seguidos de tres ensayos consecutivos sobre una escalera mecánica detenida, mientras que en la segunda sesión, los participantes realizaban cinco ensayos sobre una escalera mecánica en movimiento, dos ensayos sobre las escaleras de madera que imitaban las dimensiones físicas de una escalera mecánica detenida, y finalmente un ensayo en una escalera mecánica parada.
Durante las pruebas, se recopiló información de las propiedades cinemáticas de las extremidades inferiores y el cuerpo al subir a la escalera mecánica detenida, la escalera mecánica en movimiento y las escaleras de madera, y también analizaron la sensación subjetiva de los participantes después de los ensayos en la escalera mecánica detenida y las escaleras de madera.
Los investigadores observaron que los participantes del estudio mostraban un comportamiento motor inapropiado al acceder a una escalera mecánica detenida, en particular, notaron un balanceo postural hacia adelante que era similar al comportamiento que los participantes mostraban al subir a una escalera mecánica en movimiento.
Este balanceo postural hacia adelante es una adaptación que normalmente se realiza al subir a una escalera mecánica en movimiento para contrarrestar la aceleración ascendente, sin embargo, este comportamiento es innecesario y, por lo tanto, contraproducente al subir a una escalera mecánica detenida.
Además, se constató que este comportamiento motor inapropiado se producía a pesar de que los participantes eran plenamente conscientes de que la escalera mecánica estaba parada, lo que sugiere que es el resultado de un programa motor que se activa de forma automática, incluso cuando no es apropiado para la situación actual.
Las mediciones realizadas en los tres escenarios mostraron diferencias significativas en la postura y la velocidad de los participantes. Cuando los participantes subieron las escaleras de madera que imitaban las dimensiones de una escalera mecánica detenida, no mostraron el balanceo postural hacia adelante que se observó en la escalera mecánica y además, la velocidad de la pierna de apoyo y la pierna en el aire fue menor en comparación con la escalera mecánica en movimiento.