Ley de la controversia de Benford, hablar sin saber lo que se dice
En qué consiste la Ley de la controversia de Benford
La Ley de la controversia de Benford, tal como la expresó el astrofísico y autor de ciencia ficción Gregory Benford en 1980, establece que “La pasión es inversamente proporcional a la cantidad de información real disponible”. En otras palabras, indica que cuanto menos información fáctica esté disponible sobre un tema, más controversia puede surgir en torno a ese tema, y cuanto más hechos estén disponibles, menos controversia puede surgir.
Es decir, que una persona con baja cantidad de información real sobre un tema tiende a defenderlo con mayor nivel de intensidad. En determinadas situaciones, no tiene por qué ser con personas. Ante un dilema, controversia o discusión, a menor cantidad de información relacionada con el mismo, mayor cantidad de argumentos a favor o en contra, y mayor posibilidad de discutir sobre ello, ya que ante algo muy investigado o demostrado, poca discusión posible cabe.
Esta ley se puede aplicar a todo tipo de discusiones entre humanos, pero específicamente se ha observado en discusiones en foros de Internet y en redes sociales. Curiosamente, se manifiesta más frecuentemente en discusiones ideológicas de tipo científico, religioso, tecnológico, entre otros.
En ocasiones nos hemos visto envueltos en una de esas y todos hemos defendido nuestra postura como si fuéramos la verdad absoluta, como si nuestra forma de vivir, de pensar o de estar en el mundo fuera la correcta.
El efecto Dunning-Kruger y la Ley de la Controversia de Benford
El efecto Dunning-Kruger fue descrito por David Dunning y Justin Kruger, psicólogos de la Universidad de Cornell, en 1999. Se trata de un sesgo cognitivo de superioridad ilusoria que se da en sujetos con escasa habilidad o conocimientos, que les hace sentir expertos en algún tema y más inteligentes que el resto. Aunque en realidad es que son personas incapaces de reconocer su ignorancia.
Dunning y Kruger explican lo siguiente: Los individuos incompetentes o ignorantes tienden a sobreestimar su propia inteligencia y conocimientos. Son incapaces de reconocer que otras personas con diferentes opiniones, son más inteligentes que ellos y tienen más profundo conocimiento del tema. Y además, son incapaces de reconocer las limitaciones de su inteligencia y conocimientos.
Este efecto psicológico fue descrito en un artículo publicado en el Journal of Personality and Social Psychology y gracias a él fueron galardonados con el premio Ig Nobel en el año 2000.
La ley de la controversia de Benford: jamás discutas con el listo de turno
El listo de turno es un ser autóctono de estas latitudes y está presente en todos los hábitats, como si fuera una plaga imposible de exterminar. Da igual que sea una cena con amigos o con el vecino. En este rincón del mundo siempre existirá alguien dispuesto a decir, “no tienes idea de lo que haces” y decide explicarte toda su teoría al respecto basada en aire y a sus propios prejuicios.
Opinar de lo que se tiene la mínima idea es una tradición que algunos elevan a la categoría de arte, pero creerte que sabes de lo que estás hablando y que puedes sentar cátedra sobre el tema, es una ley sociológica bautizada como la ley de la controversia de Benford y se resume con un esquema muy simple: que los individuos más ignorantes son lo que menos dispuestos están a aceptar que otras personas son más inteligentes o más versadas en un asunto.
Sin embargo, ni el sesgo ni la ley de la controversia de Benford son tan negativos como podríamos pensar.
En realidad, se trata de un mecanismo del cerebro para ayudarnos a tomar decisiones sin temor y con determinación, aunque en realidad, no estemos capacitados para hacerlos. Aprovechar la emocionalidad para ser más resolutivo es un mecanismo muy exitoso de la evolución que nos ha permitido llegar a donde estamos sin que necesariamente todas las personas con la responsabilidad de tomar decisiones sean especialmente sabios.
