frases de Gabriel Marcel

Debemos vivir y trabajar, en cada momento, como si tuviésemos la eternidad ante nosotros.

Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás.

Sólo quien, por amor, sale del círculo del Yo hacia un Tú, da con la puerta que lleva al secreto del ser.

Hay mucha más vida en la música de las matemáticas o la lógica.

Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando cómo vive.

Para ser feliz en el amor uno debe saber, sin cegarse, cómo cerrar los ojos.

Los pensadores contemporáneos dirían que el hombre está continuamente trascendiéndose sí mismo.

El hombre depende en gran medida de la idea que se hace de sí mismo.

Los misterios no son problemas insolubles, sino realidades no objetivables, pero que al estar inmersos en ellas nos iluminan.

No hay más que un sufrimiento: estar sólo.

Mientras sea creador, por bajo que sea el nivel de su creación, un hombre puede considerarse verdaderamente libre.

[La existencia] cuya primacía se impone reconocer a nuestro juicio ―y eso por un acto de verdadera humildad espiritual―, esa existencia que se funde con lo existente, no puede afirmarse de ninguna cosa  particular y designable, ni siquiera del yo; y nunca se usará de bastante prudencia en la elección de las formulas destinadas a traducir lo que es menos una inmanencia abstracta que una presencia efectiva.

Sólo es legítimo decir soy mi cuerpo cuando se reconoce que el cuerpo no es asimilable a un objeto, o a una cosa. Mientras mantengo con él cierto tipo de relación (esta palabra no es perfectamente adecuada) que no se deja objetivar, puedo, afirmarme como idéntico a mi cuerpo, y aun la palabra objetividad es inadecuada, por cuanto es aplicable a un mundo de cosas  y de abstracciones que la encarnación trasciende inevitablemente.

Lo que impedía que fuera así −ver la guerra desde un punto de vista abstracto− eran las visitas que recibía varias veces al día y que, casi siempre, me conmovían porque me ponían en presencia de un sufrimiento y una angustia concreta. Y lo que estaba a mi mano era por lo menos acoger a estas gentes que venían a mí de manera lo bastante humana y personal como para que no tuvieran la impresión de dirigirse a una oficina o ventanilla.

Recogerse no significa abstraerse, son las actitudes interiores mismas que aquí se revelan diferentes, y quizá contrarias. Se abstrae de, lo que quiere decir que se retira y que por consecuencia se deja o se abandona. El recogimiento, por el contrario, es un acto mediante el cual nos dirigimos hacia, sin abandonar nada.

Desde el momento en que hemos reconocido claramente que sentir no se reduce a sufrir, aunque manteniendo que de alguna manera esto es recibir, nos hallamos en estado de descubrir en su centro la presencia de un elemento activo, algo como el poder de asumir o mejor todavía de abrirse a….

En el fondo no puedo decir válidamente yo me pertenezco más que en la medida en que creo, o en que me creo; es decir, reconozcámoslo, en que, metafísicamente hablando, yo no me pertenezco.

La reflexión misma puede presentarse en diferentes niveles: hay una reflexión primaria y otra que llamaré reflexión segunda… Mientras la reflexión primaria tiende a disolver la unidad que se le presenta, la reflexión segunda es esencialmente recuperadora, es una reconquista.

Nunca se criticará demasiado la idea de una representación posible de la experiencia como tal. La experiencia no es un objeto, y tomo aquí –como lo haré siempre- la palabra objeto en su sentido etimológico de Gegenstand, una cosa que está colocada ante mí, frente a mí.

Avez vous vue?