
frases de Concepción Arenal
Todas las cosas son imposibles, mientras lo parecen.
El llanto es, a veces, el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras.
Un hombre aislado se siente débil, y lo es.
Abrid escuelas y se cerrarán cárceles.
Cuanto más se dividen los obstáculos son más fáciles de vencer.
El amor vive más de lo que da que de lo que recibe.
No es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa.
A veces, un hombre perverso es esposo y padre amante, y en la atmósfera contaminada de la maldad, el amor paternal se conserva puro, como una flor que crece en un muladar.
Las virtudes son hermanas que se abrazan estrechamente; cuando una cae, todas vacilan; cuando una se levanta, todas cobran ánimo.
El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído.
Hay gran diferencia entre impresionarse con los males de nuestros hermanos y afligirse. Para lo primero basta imaginación, y se necesita corazón para lo segundo.
La ley es la conciencia de la humanidad.
Hacer bien a los que nos inspiran simpatía es un goce: La virtud consiste en favorecer a los que no nos la inspiran.
¿Los pobres serían lo que son, sí nosotros fuéramos lo que deberíamos ser?
Proteger el trabajo es proteger la virtud, es apartar escollos contra los cuales se estrella tantas veces; proteger el trabajo es enjuagar lágrimas, consolar dolores, arrancar víctimas al vicio, al crimen y a la muerte.
La virtud purifica los lugares que visita, lejos de mancharse en ellos.
Absurdo sería pedir al cálculo lo que puede dar la abnegación.
Todo lo que endurece, desmoraliza.
La pasión para el hombre es un torrente; para la mujer, un abismo.
Hay como una amarga complacencia en sufrir una injusticia, que parece legitimar el odio.
Las malas leyes hallarán siempre, y contribuirán a formar, hombres peores que ellas, encargados de ejecutarlas.
El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.
Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican.
El pobre se arruina en el momento en que deja de ser sobrio.
La pasión para el hombre es un torrente; para la mujer, un abismo.
En muchos casos hacemos por vanidad o por miedo, lo que haríamos por deber.
El mejor homenaje que puede tributarse a las personas buenas es imitarlas.