Frases célebres de Eugenio d’Ors
Soñar es dormir con láminas intercaladas en el texto.
Valgámonos de palabras inexactas, si es preciso, a trueque de entendernos deprisa.
Allí donde se había soñado en compañía, resucitan dos soledades.
Alma sana será aquella que, al llegar a la hora de la muerte, se sorprendiera de su propia inmortalidad.
Los lugares comunes son bastante desagradables; pero los lugares semicomunes resultan repugnantes del todo.
El fruto de la unión del tiempo con la heroicidad, se llama Nobleza.
Una escuela no es, en rigor, escuela de verdad hasta que su puerta se abre. Escuela quiere decir para nosotros – para los europeos – doctrina abierta nunca, casta cerrada.
La patria se puede fiar más de un crítico que trabaja, que de un entusiasta que vocifera.
La inmortalidad siempre ha sido precedida por el sacrificio.
Una síntesis vale por diez análisis.
Nunca es tiempo perdido el que se emplea en escuchar con humildad cosas que no se entienden.
Las leyes son normas, pero también son armas.
Cualquier guerra entre europeos es una guerra civil.
El error es múltiple; la verdad, una.
Todo lo que no es tradición es plagio.
Se dice que en el término medio está la virtud; lo más probable es que en el término medio se encuentre el tedio.
Ninguna causa vence sino cuando cuenta ya con partidarios entre aquellos a quien la Naturaleza, la fatalidad, el interés destinaban para adversarios suyos.
Hay que volar a todos los vientos de todos los mares, pero hay que procrear en un nido.
No toda luz que se enciende y se apaga es un faro. Precisa el ritmo.
Basta mirar algo con atención para que se vuelva interesante.
Una sola cosa, aprendiz, estudiante, hijo mío, una sola cosa te será contada, y es tu obra bien hecha.
El sonrojo puede ser nuestra última nobleza, cuando ya el silencio parece haber dejado de ser nuestra última y triste virtud.