Frases célebres de Alejandro Magno
Una de las cosas que aprendí cuando estaba negociando era que hasta que no me cambiara a mí mismo, no podía cambiar a otros.
En el universo hay mundos innumerables y yo aún, no he conquistado uno solo.
No hay nada imposible para aquel que lo intenta.
La gloria corona las acciones de aquellos que se exponen al peligro.
El cielo no puede tolerar dos soles, ni la tierra dos amos.
Al final, cuando todo se acaba, lo único que importa es lo que has hecho.
Preferiría vivir una vida corta y llena de gloria, que una larga sumida en la oscuridad.
De la realización de cada uno, depende el destino de todos.
Ahora que las guerras están llegando a su fin, deseo que ustedes sean capaces de prosperar en paz.
Cuando damos a alguien nuestro tiempo, en realidad damos una parte de nuestra vida, que nunca vamos a recuperar.
¿Quién no desea una victoria en la que pueda unir los lugares de su reino, tan dividido por la naturaleza, y en la que pueda obtener trofeos de otros mundos conquistados?
No tengo miedo de un ejército de leones dirigido por una oveja. Tengo miedo de un ejército de ovejas dirigido por un león.
Ahora temen al castigo y ruegan por sus vidas, así que les dejaré libres, no por ninguna otra razón, sino para que puedan ver la diferencia entre un rey griego y un tirano bárbaro. Así que no esperen a sufrir ningún daño de mí. Un rey no mata a los mensajeros.
¿Cómo un hombre va a ser capaz de cuidar su propio caballo, pulir su lanza y su casco, si ha perdido la costumbre de atender a su propia persona, que es su posesión más preciada?
Oh, qué afortunado el joven Aquiles, que encontró en Homero el heraldo de su gloria.
Por mi parte, considero que para los hombres de espíritu, no hay más meta o fin de sus labores que las labores mismas.
Más frases de Alejandro Magno
El esfuerzo y el riesgo son el precio de la gloria, pero es una cosa preciosa el vivir con valor y morir dejando una fama eterna.
Dios es el padre común de todos los hombres.
El verdadero amor nunca tiene un final feliz, porque no hay final para el amor verdadero.
A través de cada generación de la raza humana ha habido una guerra constante, una guerra con miedo. Aquellos que tienen el coraje de conquistarlo se liberan y aquellos que son conquistados por él sufren hasta que tienen el coraje de vencerlo, o la muerte los toma.
Nosotros de Macedonia, durante las generaciones pasadas hemos sido entrenados en la dura escuela del peligro y la guerra.
No tengo una sola parte de mi cuerpo, por lo menos enfrente, que no tenga cicatrices.