Frases célebres de Matthieu Ricard, el hombre más feliz del mundo
La felicidad se trata de aprender cómo poner las cosas en perspectiva y reducir la brecha entre las apariencias y la realidad.
Estoy bien porque me siento satisfecho fácilmente con muy poco.
La libertad interior es estar libre de rasgos mentales, cavilaciones y proyecciones mentales que eventualmente se traducen en frustración y sufrimiento.
La gente cree que meditar es sentarse relajadamente debajo de un árbol. En realidad, es algo que cambia completamente tu cerebro y quien eres.
El aburrimiento es el mal de aquellos para los que el tiempo no tiene valor.
Nuestra mente puede ser nuestro mejor amigo o nuestro peor enemigo; es la mente la que traduce las circunstancias externas en felicidad o desdicha.
El desapego es la fuerza tranquila de quien está decidido a no dejarse arrastrar por los pensamientos ni acaparar por toda clase de actividades y de ambiciones triviales, que devoran su tiempo y en definitiva solo aportan satisfacciones menores y efímeras.
No es el deseo como tal y la riqueza lo que causan sufrimiento, sino nuestro apego a ellos.
La felicidad de la existencia es esa plenitud de todos los instantes acompañada de un amor por todos los seres, y no ese amor individualista que la sociedad actual nos inculca permanentemente.
La verdadera felicidad procede de una bondad esencial que desea de todo corazón que cada persona encuentre sentido a su existencia. Es un amor siempre disponible, sin ostentación ni cálculo. La sencillez inmutable de un corazón bueno.
Existe una posibilidad de cambio porque todas las emociones son fugaces.
A diferencia del placer, todas estas cualidades son habilidades que pueden cultivarse mediante la práctica y el entrenamiento de nuestra mente.
Querer resultados inmediatos es propio de las mentes inestables o perezosas.
La razón última para meditar es transformarnos a nosotros mismos para poder transformar el mundo.
Dividimos el mundo entero en «deseable» e «indeseable», concedemos permanencia a lo que es efímero y percibimos como cualidades autónomas lo que en realidad es una red infinita de relaciones que cambian sin cesar.
La felicidad es un estado de realización interna, no la satisfacción de los deseos inagotables de las cosas exteriores.
Todos tenemos el poder de liberarnos de la ignorancia y la infelicidad, pero la mayoría de la gente no lo sabe, o no sabe cómo.
Ponemos tanto empeño en solucionar los problemas externos… pero el control del mundo exterior es temporal, limitado y (a menudo) ilusorio.
Todos tenemos varias tendencias naturales, relacionadas con nuestra herencia genética. Pero eso se puede cambiar en gran manera.
Muchas veces somos como aquel peregrino extenuado que lleva una pesada mochila, llena de provisiones y piedras. ¿No sería mejor dejarla en el suelo un momento para separar las provisiones de las piedras y echar las piedras?.
Creo que lo que todos deberían estar haciendo, antes de que sea demasiado tarde, es comprometerse con lo que realmente quieren hacer con sus vidas.
Las emociones no son duraderas, por lo que existe la posibilidad de un cambio.
Lidiamos con nuestra mente desde la mañana hasta la noche; y puede ser nuestro mejor amigo o nuestro peor enemigo.
También sabemos a través de los estudios del cerebro que podemos cambiar a través del entrenamiento, gracias a la neuroplasticidad cerebral.
El desapego es la fuerza tranquila de alguien que está decidido a no dejarse llevar por malos pensamientos ni dominar por ambiciones superficiales, que robarían su tiempo para solo darle pequeñas y caducas satisfacciones.
El poeta tibetano Shabkar dijo: ‘Una persona compasiva es amable incluso cuando está enojado; una sin compasión matará incluso mientras sonríe.
La felicidad no es simplemente una sucesión interminable de sensaciones placenteras, lo que parece más bien una receta para el agotamiento.
Compararnos constantemente con los demás es un tipo de enfermedad mental que nos frustra y entristece. Cuando compramos un coche, es como si llegásemos a la meta en ese juego, pero luego nos acostumbramos y queremos un modelo más nuevo. Especialmente si otros lo tienen. Tenemos que continuar comprando para tener más cosas que nos emocionen y mantener el actual nivel de satisfacción.
Ser altruistas no solo nos ayuda a beneficiar a los demás. También es la forma más satisfactoria de vivir.
Nuestro control de las condiciones externas es limitado, efímero y, a menudo, ilusorio, pero podemos trabajar con nuestra propia mente mientras lidiamos con ella desde la mañana hasta la noche.
La felicidad es un estado de satisfacción interior, no de satisfacción de innumerables deseos por cosas físicas.
Aquellos que buscan la felicidad en el placer, la riqueza, la gloria y el poder; son tan ingenuos como el niño que trata de atrapar un arco iris y usarlo como abrigo.